Oscar Garrido en Espacio OFF de EFTI
- 2 de December 2010
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- Pilar
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Oscar Garrido es desde hace años un hombre indisolublemente unido a una cámara. Si su vocación, ya clamorosa, es la de fotógrafo, su “modus vivendi” se encuentra, hoy por hoy y todavía, en el mal llamado mundo del audiovisual. Por eso, por la estrecha vinculación de Oscar con el vídeo, puede que entre los que le conozcan haya más de uno a quien le cueste asociarlo con estas imágenes de un austero blanco y negro, obtenidas además, me consta, con una cámara analógica.
Me aventuro a suponer que es precisamente por su profundo conocimiento del soporte digital y de las trampas y los abusos a los que las nuevas tecnologías están abocando el mundo de la imagen, por lo que Oscar se ha autoimpuesto las presuntas limitaciones de la película química, a las que ha añadido otra más, la del formato panorámico.
Sus composiciones se convierten así en un “tour de force” múltiple. La renuncia al color le obliga a concentrar la atención en las luces y la formas, y el amplio lienzo compositivo que ha elegido le obliga a trabajar con un campo de visión nada cómodo —excesivo para la mayoría de los fotógrafos—, y a establecer prioridades entre los distintos elementos que entran en el mismo.
Fritz Lang dijo que el cinemascope solo servía para mostrar serpientes o entierros, pero estaría encantado con las fotos de Oscar Garrido. Al igual que Billy Wilder, quien también dijo que ese formato solo servía para filmar a dos perros salchicha haciendo el amor. Los dos viejos maestros no dudarían en reconsiderar su animadversión a ese formato viendo la obra de Oscar. Como cualquiera de nosotros. Porque Oscar consigue domar como nadie ese rectángulo alargado que fue y sigue siendo una pesadilla para los artesanos de la imagen que se ven obligados a buscar la espectacularidad a toda costa. Oscar consigue articular dentro de ese espacio unas imágenes de un extraordinario clasicismo, entendido este como huida de la gratuidad y búsqueda de la emoción y el equilibrio formal, sin renunciar por ello a ninguno de los muchos códigos vanguardistas que han hecho escuela.
Es algo que, además, tiene que hacer a una velocidad que parece imposible, porque la mayoría de sus fotos tienen un inequívoco carácter de instantánea. Y una cosa es hacer apacibles panorámicas de paisajes al atardecer y otra muy distinta fotografías rebosantes de frescura e inmediatez como las que nos brinda Oscar. Pienso que probablemente aquí sí que interviene, para bien, su amplia experiencia como cameraman polivalente, que le ha proporcionado unos reflejos bien afilados y una necesaria desinhibición.
Además de entusista, Oscar es también un hombre constante y lúcido. Tiene muy claro que para que haya un autor tiene que haber una mirada propia y que esta no se puede demostrar con un par de fotos afortunadas. Sirva esto como pie para finalizar afirmando que Oscar es ya un autor de pleno derecho, con una obra de un volumen más que considerable, cada vez más sólida y coherente. Es un fotógrafo que está sabiendo construir un lenguaje personal y reconocible, inteligente y vehemente, que fluye comodamente entre él y el espectador. Y este no puede dejar de sentirse agradecido por ello. Es algo que en los excesivos y confusos tiempos que corren no deja de ser una proeza.
Joan Dolç
Podéis ver la exposición de Óscar Garrido en el Espacio OFF de EFTI.
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